domingo, 13 de septiembre de 2015

Despeinada

Yo quiero un hombre de verdad. No uno de Disney, no un galán de telenovela, no una estrella de Hollywood. 

Yo, quiero un hombre que sea capaz de matar por mí.

Que se sienta orgulloso de mí si el mundo me ve de su mano y que se sienta feliz de haberme elegido. Pero que no necesite mostrarme ni gritarlo a los 4 vientos, que entienda que el amor es de los dos y de nadie más.

Uno que no tenga miedo, que vea su mundo en mi mundo. Que comparta algunos gustos pero que a la vez me dé la contra. Que no haga lo que yo digo pero que entienda que todo lo que le digo es porque lo amo y quiero lo mejor para él.

No quiero un hombre que sea mi príncipe y me llene de lujos, solo quiero uno que quiera que yo sea su reina y me trate como tal.

Yo quiero alguien que me seque las lágrimas, que me diga que todo va a estar bien, o que si nos va a ir mal no se vaya de mi lado. No uno que me consuele, pero que me ayude a encontrar la salida.

Que camine conmigo al lado, ni delante ni detrás.

Que no se asuste con mi grandeza sino que la admire. Que no solo me pida consejos, sino que me los dé.

Yo quiero un hombre que me ame de verdad, que no se corra del amor. Que no tema ir más allá.

No quiero partes de nadie, quiero alguien completo, porque yo completa siempre estoy.

Quiero que Dios me mande un amor en serio, no los de la tele. De los que te van a cuidar de viejito.

Alguien que no se quede callado, que tenga voz, que pelee por lo que quiere, por lo que piensa, que nunca se rinda, y que si algún día quiere rendirse confíe en mí y me pida a su manera: te necesito.

No quiero un infame inseguro que crea que porque exploro mi sexualidad, soy una perra. Que entienda que el amor se comparte, no se exige ni se manda.

Que respete mi voz, mi opinión, mi palabra, que no se deje llevar por estereotipos, y me dé libertad si la necesito.

Un hombre independiente, sin confundir la palabra, que viva por él y junto a mí.

Quiero uno que no necesite una prueba, que entienda que la mejor prueba de amor es haberlo elegido. Que si quiere llegar lejos escale sin parar, que crea y sepa que los sueños se pueden hacer realidad.

No quiero el anillo de nadie, quiero una mirada sincera, y un corazón que lata no por las huevas. Que no se conforme.

Yo quiero un hombre de los buenos, porque de los buenos me merezco yo, nada más y nada menos.

Uno que se levante a mi lado y que tal vez sin decirlo, sepa que me ama. Así esté despeinada, porque despeinada me gusta estar.

Si algún día llego a tenerlo, le ofrezco mi más profunda y eterna fidelidad. Porque hacer realidad este anhelo es más que suficiente.
 

Quiero dejar de tener miedo a querer, quiero que sea por él.

Quiero un hombre de verdad.

Una que me muero por dedicar
Something I need - One Republic
 

 
Una que quiero que me dediquen
Y no me importa que me digan - Alejandro Sanz
 

sábado, 10 de enero de 2015

Desolada

Carta a mi mejor amiga

Siento que me quedé sola ahora que ya "no estás". Uso las comillas porque estás, estás cerca y siempre lo estarás. Pero a la vez te perdí. Te perdí para que seas feliz, y en ese caso, yo feliz de perderte.

Espero que sonrías cada maldito segundo de esta vida. Que aprendas a vivir lo que nos queda, como tú y yo sabemos, loca e irreverentemente.

Espero que en estos años que vienen, recuerdes el día en el que nos conocimos, hace casi 14 años, cuando yo no era rubia y tú tenías el pelo largo y ondulado. Cuando nuestro problema más grande era si el chico que nos gustaba no nos miró en la rotonda de la facu.

Espero que no olvides nunca aquello que nos une, los abuelos, Mar de Copas, la Farra, Cine, Foto, Psicología. Lobos, Cusco, Buenos Aires, llantos y carcajadas porque pasó la mosca. "Plajes", primos y cagadones por doquier. Rajes, Sanz, Forlán, la maldición jamás rota, los sacos de You Too y las bombas con ron en el parque. Tontas traiciones de terceros y un vino que nos une a las 7 de la mañana. Rossana. Dragón y Sargento, espacios celestiales. Caminatas por la carretera de madrugada en el sur y mil celulares perdidos.

Espero que entiendas que ya no somos más amigas. Dejamos de serlo hace tiempo, el día  en que empezamos a pensar en la otra como parte de una misma. El día que nos volvimos familia.

Espero que me comprendas cuando no estoy a tu lado. Espero que entiendas que me busco día a día, con el afán de encontrar algo nuevo, y que mis minutos los invierto en los sueños que un día le prometí a mi abuelo que cumpliría.

Espero que no te caigas nunca más. Ya estuvo bueno. Decidí ser yo la que se sigue cayendo hasta que llegue el momento en que mi sonrisa no se vaya más. Como la tuya, que no hace más que renacer, ahora que encontraste puerto en el cual zarpar.

Espero que esa vida que ahora llevas dentro, te haga querer vivir con más vehemencia que a los 20. Espero que cuando nazca, tu corazón no vuelva a llorar jamás, espero que seas feliz por los siglos de los siglos. Hasta que se dejen de escribir canciones e imaginarse sueños.

Espero que esquives los golpes que vengan. Que los esquives por cuidarlo, y por darle la vida que tú y yo no tuvimos.

Espero que te saques la mierda, que no duermas pensando en él. Que se te acaben las fuerzas amándolo.

Y dentro de todo eso, espero que no te olvides de mí, vayas donde vayas. Que no te olvides de esta "rubia hueva" Desolada, que te perdió pero que te sigue teniendo.

Espero que de arriba te bendigan 3. Que algún día creas en Dios. Que viajes conmigo a Cusco, y que me dejes cuidarlo de vez en cuando.

Espero que sonrías cada maldito segundo de esta vida.

Espero que sonrías. Y que nunca jamás, te vuelvas a caer.

Sinceramente,

La Desterrada

La canción que canté cuando te fuiste a Argentina
Sos tan hermosa que jamás vas a dejar de brishar sí, aquí o asha (8)
 
Bello Abril - Fito Paez ft. el flaco Spinetta
 
  La de toda la vida. Que estuve labio a labio (8)
Mar de Copas - País de tus sueños
 
 
Una del recuerdo
Shakira - Que me quedes tú  
 
La mejor de todas, la clásica. Y los demás que aguanten (8)
Alejandro Sanz - Ese último momento  
 
Best moments ever  
 
Una de hoy
 
 
Una de ayer  
 
Una de aquellas  
 
Un poco de todo  
 

martes, 7 de enero de 2014

Desprendida


Para mis amigos, los que se dieron cuenta de que algo andaba mal. Y para cualquiera que se sienta un poco perdida (o):

Tú y nadie más. Cuatro paredes fuera de Lima. Tu soledad, una cajetilla de cigarros y puro silencio. 133 cosas que meditar, 34 que decidir, todas contadas con los dedos.

El recuerdo de tu gran abuelo, una lista de sueños sin cumplir, muchas metas encaminadas y olvidadas. Tu padre con un mensaje de buenas noches, tu madre con uno de buenos días, tu hermano con un beso por BBM.

Un poco de internet para distraerte de vez en cuando, una casa de tres pisos en Punta Hermosa, yoga por 10 minutos en el tatame de tu primo. Respirar con tu espalda contra la pared, un libro de autoayuda.

Tú, despeinada como siempre, complicada como casi siempre, sensible como toda la vida. Tu corazón, tu inhalador, tus miedos, tus demonios. Todos en el mismo lugar. Tú, sola, como tiene que ser, como es siempre mejor.

Unas cuantas lágrimas de verdad, un par de historias para olvidar. La conciencia de una mala juerga. Tú y mil recuerdos.

Alejada del mundo solo anotas todo lo que pasa por tu cabeza, por horas. No paras de escribir. Ni una sonrisa, ni una risa. Te escondes y piensas. 56 preguntas, todas sin respuestas.

Tus mejores amigos, LOS VERDADEROS, preguntándote cómo estás, porque saben que estás sola y lejos. Sin sonido, sin música.

Al final, siempre, solo quedas tú y tu alma, tú y tu conciencia. Ni siquiera tu cuerpo, que es prestado. ¿Qué resulta de todo esto?, ¿quién soy?, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿es este el camino?

Te miras al espejo y te dices lo siguiente que acabo de aprender: “Eres hermosa, eres divertida, eres inteligente, eres buena, eres graciosa, eres fuerte, muy fuerte”. Lo repites, sabes que es verdad pero no te lo crees, algunos episodios de tu vida te hicieron creer lo contrario, dudaste de ti, de tus capacidades.

“Has logrado mucho, has llegado alto. Has conocido gente maravillosa que te quiere, te has levantado mil veces. ¿Quién hace eso y hace que parezca tan fácil? Tú”.

Vives intensamente y crees que lo que más vale es tu cuerpo, cómo te ves, cómo te ven, los aplausos de la gente, las felicitaciones, el reconocimiento.

No te controlas, a tu edad, no te controlas. Dices que no puedes, pero en realidad, es el miedo que habla por ti. Eres débil también, tus miedos son más grandes que tú y recién lo entiendes. Rompes eso, lo pateas, como al imbécil que no conocías que pateaste el viernes por patán.

Te miras nuevamente al espejo y te dices: “te quiero”. ¿Cuántas veces lo has hecho?, ¿cuántas veces lo has hecho sin mirar primero tu cuerpo y no tu alma, o sin cerrar los ojos porque “no eres suficientemente bella”?

Te quieres, recién lo entiendes. Con tus kilos de más, con tus rollos del costado, con tus estrías que te dicen que un día perdiste el control con la comida gracias a tus miedos, con tu celulitis que te recuerda que nunca comes bien, con esas cicatrices de la operación que te salvó la vida. Con tus tatuajes que no hacen más que revelar tu personalidad, tus ganas de vivir cambiando.

Te quieres, con tus ojeras que muestran 10 años de emprendedora. Con tu pijama improvisado que refleja tu poco orden. Despeinada, como siempre.

Recién te das cuenta de que te quieres. Recién entiendes lo que vales y dices: “¿en qué estaba pensando cuando dejé de pensar en mí?”.

Y entiendes. Estabas pensando en otros, porque tu corazón es tan grande, que te sacrificas por los demás, haces de todo para que sean felices, pero te olvidas de ti.

Captas el mensaje, no estás sola cojuda. Estás contigo. Te tienes a ti. Te sientes sola, ya tienes tus años y no compartes una relación con nadie, como todos tus conocidos. Entiendes que la envidia es mala, y entiendes que Dios sabe por qué hace las cosas.

¿Por qué? Porque te tienes que encontrar a ti misma primero, tienes que curar tus putas heridas, matar tus malditos demonios, afrontar tus estúpidos y repetitivos miedos nacidos de tu vida a través de los años.

Por fin entiendes, no necesitas a un hombre para ser feliz. Te necesitas a ti. Y no te esperanzas en que un día no muy lejano el idiota este llegará a decirte: “hola, ¿me buscabas?". Porque le responderías: “Sí, imbécil de mierda. ¿Dónde estabas cuando mi vieja se enfermó, cuando mi abuelo se murió, cuando me ahogué en 788 penas?".

No te repites a ti misma como dice tu psicóloga que lo hagas: “ya va a llegar”. Porque no es el momento, te acabas de dar cuenta de quién eres, de lo que vales. ¡A tus 29 años! Ya habrá tiempo de ser feliz con alguien más, ahora tienes que ser feliz contigo misma.

Miras atrás y te acuerdas de los mil cojudos que pasaron por tu vida. Y no les tienes rencor. Ni al más imbécil. Al contrario, les agradeces por haberte ayudado a entender qué es lo que no quieres en un hombre. No olvidas, pero perdonas que te hayan roto el corazón. Porque entiendes que un corazón roto es más sabio, más inteligente y con más amor para dar cuando llegue el momento.

Retrocedes solo unos días y recuerdas a toda la gente que amas, le agradeces a Dios que te correspondan. Entiendes por qué los quieres tanto. Entiendes por qué te quieren tanto. Porque eres la mejor.

Abres un archivo de Word y empiezas a escribir. Analizas tu vida, tu amor, tu trabajo. Te preguntas otra vez, ¿estoy en el lugar correcto? Amas lo que haces para vivir, pero te preguntas, ¿podría ser más feliz? Sabes la respuesta.

Te vuelves a mirar en el espejo y ves tus marcas, tus juergas, el alcohol, el descontrol, las dudas, los llantos. Y sonríes, por fin. ¿Cuántas veces te sonríes frente al espejo? Entonces te vuelves a mirar fijamente y ves tus otras marcas, tus risas, tus bailes, tus gritos de felicidad, tus mejores momentos. Esos que no quisieras que se acaben nunca.

Por fin te das cuenta, de que tus mejores momentos no dependieron del alcohol, sino de aquel que se tomó ese trago contigo y te hizo sonreír. O que te abrazó cuando lloraste por tu abuelo, o que llevó a tu vieja a una quimio. O que te contestó el celular cuando lloraste un tonto amor.

Los aprecias, a los momentos y a esa gente. Porque valen oro. Igual que tú. Les estás completamente agradecida, a ellos y a ti. Por estar a tu lado así estén lejos, por contarte un chiste, por reclamar tu presencia.

Estás loca, sigues hablando sola y en voz alta. No hay música a tu alrededor y te puedes escuchar claramente. Eres de puta madre. Eres una mujer increíble, eres una bella mujer. Eres bella de adentro hacia fuera.

Y eso no te puede hacer más feliz. Lagrimeas un poco, tú y tu sensibilidad. Y se te viene a la mente un gran momento en tu vida, el día en que hace años creíste en ti por primera vez. Lo añoras, y lo vuelves a vivir.

Te crees capaz de todo, porque lo eres. Nunca llegaste hasta donde estás sola. Pero sabes que eres capaz de todo. Hasta de salir de esta maldita depresión. Y reaccionas, lo vas a hacer, por nadie más que por ti.

Aléjate de todo por una vez en tu vida. Escóndete, respira sola. Piensa hasta el cansancio, sin tele, sin amigos. Analiza tu vida, analiza tu corazón, analízate a ti.

Tú y nadie más. Cuatro paredes fuera de Lima. Tu soledad, una cajetilla de cigarros y puro silencio. 133 cosas que meditar, 34 que decidir, todas contadas con los dedos.

Piénsalo. Te servirá.

Lunes, 6 de enero del 2014. 10:08 p.m.

Empezando a escribir:
 
El espejo, la cicatriz:
 
Los mensajes:
 
 
 
Las canciones de fondo al terminar de escribir:
(All Saints - Never ever)
 
 
(Passenger - Let her go)
 
 
Las letras:
 
 
 

lunes, 11 de febrero de 2013

Destrozada


Para mí no te has ido. Hace poco más de un mes que dicen que 'te fuiste', y para mí... no te has ido.
 
Hace poco urgué en tu bar como siempre a ver si me podías 'prestar' uno de tus tragos para tomarlo con unas amigas y devolverlo a fin de mes 'sin que te des cuenta'.
 
Como era costumbre, no me lo llevé pensando en que probablemente ibas a tomarlo en la peña de los sábados aunque seguramente tú me lo habrías obsequiado, ese y todos los que yo quisiera. 
Cuando avisé que llegaba sin trago caí en la cuenta de que hubiera podido 'hurtarlo'. Y es que ya no estás.
 
No me lo creo, que Dios me perdone pero no me lo creo. No puede ser cierto pero lo es, no quiero creerlo pero tengo que.
 
El día de tu partida se me hormiguearon los brazos, me fumé una cajetilla entera, no quise llorar.  
Fue exactamente como lo pensé, mi mamá me llamó cuando estaba en la oficina:
 
- Evita, hijita tienes que venir a la casa. - Con la voz temblorosa.
- ¿Por qué?, ¿qué pasó?
- Tu abuelito hijita... Ya falleció. - Con un dolor en la voz que no puedo explicar. 

Helada, así me quedé. Solo que mi mamá no podía darse cuenta de lo que me pasaba: 

- Ok, voy para allá.
- Hijita tienes que llamar a tu hermano, no he podido comunicarme con él.
- Ok mami no te preocupes. Yo voy por él, ¿ya sabe?
- No Evita tienes que decirle.
- Listo mami todo bien.
- Maneja tranquila mi amor por favor, prométemelo.
- Te lo prometo, ¿estás sola?
- No aquí está tu papi, tu primitos.
- Ok, voy. Tranquila, un beso.

Me colgó, seguro no me escuchó ni una palabra.
Fui a buscar a una amiga con la que no hablaba hace mucho, intentó calmarme. Pobre, seguro creyó que lo había logrado. Llamé a 3 amigos. Me subí al carro y manejé muy lento. Estaba nerviosa.
 
Cuando llegué ya todos estaban en la casa, esa que lograste para mi. Subí para verte y pregunté: ¿le puedo dar un beso? 
Estabas echado, tan tranquilo que me dio una paz increíble. Aún estabas algo caliente. Te di un beso temblando, y te dije lo que me salió del corazón:

- Gracias por todo lo que hiciste por mi. Gracias por enseñarme tanto, perdóname si no pude estar a tu lado más tiempo. No sabes cuánto te amo. Te prometo que voy a ser fuerte como tú y que voy a sacar a esta familia adelante. Te lo juro. 

Todo lo que vino después ya no importa. Ese momento, ese preciso momento en el que te dije adiós, lo recordaré toda la vida. 
No sé cómo aceptar tu partida. Creí que lo había hecho, me equivoqué. Para mí no te has ido, no me canso de decirlo.
 
¿Cómo olvidarte? Si siempre me diste todo, si confiabas en mi como nadie, si me decías que solo tú y yo no éramos de este mundo, si formé lo que soy gracias a ti, si cada vez que me levanté fue por que te vi hacerlo mil veces y aprendí.
 
Mientras mi madre estuvo enferma, en vez de consolarnos a mí y a mi hermano, nos compraste un pastor alemán. 
 
 Así eras tú, con tan solo un gesto pequeño cambiabas el mundo de los demás. Siempre con los brazos abiertos.

Daría lo que sea por tenerte solo una vez más frente a mí para comerte a besos y que me expliques cómo mierda hiciste para vivir tanto y siempre triunfar, cómo lo lograste, cómo es que aguantabas tanto dolor que la vida te dio. 

Solo una vez me bastaría. 

Discúlpame, no hace mucho te mentí. Me preguntaste si estaba bien y te dije que sí. Mentira abue estaba muriendo por dentro y me tragué el dolor para bailarte en tu cama de hospital.
 
Te amo tanto. Fui una tonta porque solo te lo dije cuando ya no estabas.

Cada vez que llego a la casa espero verte en tu sillón. Me siento en tu sitio en la mesa para guardártelo. Nadie más se lo merece. 
 
Para mí no te has ido que te quede claro. Solo te pido una sola cosa, solo una. Ya que estás haya arriba haciendo de las tuyas, por favor sácame este dolor. 

Te llevo en mi corazón siempre. Por siempre lo haré.
 
La canción que le dedico:
Dixie Chicks - Landslide
 
 
La última fiesta grande a la que nos invitó
(disfrazado de Hugh Hefner)
 

 
Los primeros 9
(yo en sus piernas)
 
Mis 28 con él
(2012 - de la mano)

 

lunes, 14 de mayo de 2012

Desnaturalizada

Que Dios me perdone cuando digo que no quiero tener hijos, que me perdone y me ayude a cambiar de opinión. Sobre todo porque en mi lista de motivos que justifican esta sincera opinión se encuentra el más claro de todos: estoy totalmente convencida de que no podré jamás, por más ganas que le ponga, llegar a ser ni el 5% de increíble que es mi madre.



Tengo la certeza mami, de que no hay nada en este mundo que me pueda ayudar siquiera a llegar a tus talones. Dejaste la valla tan alta que creo que solo la Virgen María te gana, me considero un gusano a tu lado. Soy incapaz de alcanzar o imitar tu generosidad.


Mi cerebro obtuso no entendía hasta hoy el por qué de tu insistencia para que tenga hijos, cuando bien sabes que detesto hablar del tema. No me quedaba claro. Ahora lo entiendo, se debe a que te sobra amor, se sale de tu corazón, y mi hermano y yo ya no somos suficientes para que lo entregues. Prometo escuchar tus deseos de ser abuela sin requintar, no puedo prometerte por ahora nada más.


Te pido disculpas China por no ser lo suficientemente valiente como para decirte estas cosas frente a frente. Es que cuando se trata de amor, escribir es la única forma que encuentra de hablar mi corazón. Tal vez nunca leas estas líneas. Seguro ni sabes que tengo un blog. Seguro es mi culpa que no lo sepas.


Cómo te puedo explicar mamá que la chapa que me pusiste de niña no me va. Que de “princesa” no tengo nada. Es más, guardo en mi lista de pendientes una demanda contra Disney por aquél torpe mensaje que me dio de niña de que el príncipe azul existe. No soy una princesa mami, no podría serlo, detesto las tradiciones, las coronas me dan asco y #ceroquequierovivirenuncastillo #teodiokate. Cómo te explico que lo único que podría tal vez hacerme parecer a una princesa es el hecho de que soy hija de una reina.


No estoy preparada China para desprenderme de la forma en que lo haces tú, haciendo que parezca tan fácil dejar de vivir por los demás. No logro comprender tu vocación de servicio innata, y mucho menos cómo es que siempre tienes la razón aunque yo no lo quiera aceptar. No me queda claro cómo es que no me has metido a un internado con todo lo que te hecho, cómo es que no me has mandado mil veces a la mierda por mi cantidad de fallas, yo en tu lugar no me hablaría.


Te pido disculpas por la altanería, por haber perdido la dulzura que me inculcaste, por creerme mejor que tú, por no entender tu experiencia. Por no cuidarme, por no ponerme la puta chompa solo porque no caía con mi ropa, por no llamarte nunca cuando llego a mi destino a pesar de mis constantes promesas de hacerlo, por no tener tu valentía y tu coraje. Por atreverme a criticarte con lo perfecta que eres.


Hoy que la vida nos pone a prueba, aprovecho para declararme totalmente enamorada de ti, de tus palabras y de la paz de tus abrazos. Aprovecho para comprometerme de por vida a cuidar de ti exigiéndome con la disciplina de un militar. No lo haré como tú lo haces conmigo jamás, sería en vano intentarlo, pero por lo menos estaré a tu lado. Cuenta con ello.


Cómo te dejo claro que absolutamente todo lo que soy, lo soy por ti. Mis diplomas, mis logros, mis sonrisas, mi madurez. Cada escalón de mi vida tiene tu nombre madre, cada escalón. No hay ni una sola cosa que yo haya logrado sin ti.


Hoy me parecen estúpidas todas las ridículas actuaciones de colegio que hice en el día de la madre. Si hubiera sabido que eran oportunidades para expresarte mi amor, te hubiera cantado todos los años la canción con la que mi hermano te hico llorar en el nido: Mami te traigo flores, flores de las mejores, mami de mis amores. Al diablo las canciones de “Ilegales” y de “Fey”.


Lo único que puedo hacer mamá para intentar parecerme a ti, es rezar todos los días como lo hago de rigor a Dios, pidiéndole que no te lleve todavía, que tengo mucho que aprender de ti aún, que no estoy preparada para perderte, que nunca lo estaré. ¡Larga vida a la reina!


Cómo te explico que me quito el sombrero ante tu fortaleza, que te admiro a morir, que no hay palabra alguna en idioma alguno para explicar tu grandeza. Perdóname por no ser amorosa como tú. ¿Romántica? Not really. Ya quisiera yo entregar mi corazón a tu manera. Ni el mejor neumólogo del mundo curo mi asma como lo hicieron tus brazos, y todo solamente utilizando tu amor.


Que Dios me perdone cuando digo que no quiero tener hijos, que me perdone y me ayude a cambiar de opinión. Sobre todo porque sé lo feliz que serías. Que ni la casa que prometí a los 12 años que te compraría te robaría una mejor sonrisa.


Si me preguntas hoy, a comparación tuya yo sería una madre desnaturalizada. Y hasta que la vida no me obligue a cambiar de opinión, solo me queda prometerte intentar todos los días devolverte alguito del amor que nos has dado todos estos años. Intentar ser tu muñequita linda, de cabellos de oro (#que viva el tinte) y labios de rubí.


¡Feliz día mamá!

Dejo una canción que define el momento mejor que ninguna. Una valiente más.
Casi - Soraya



Así te quiero ver siempre. Sonriendo.
 

Love you.
 

martes, 2 de agosto de 2011

Descopada

“Perú: Hoy solo te pido actitud, garra y corazón... Vamos muchachos!!!”

Ese fue mi post en Facebook el 16 de julio a las 10:44 a través de Blackberry

Decidí no ver el partido, sabía que era el decisivo y mis nervios extremos no me permitieron alentar frente a la tele como estoy acostumbrada a hacerlo en cada partido desde mis 9 años.

Dejé a mi hermano en mi cuarto comiéndose las uñas y me fui al suyo. “Voy a rezar”, dije.

- “Diosito, quítales los nervios a los chicos, todos los nervios que les impidan concentrarse y dar todo de sí en la cancha. Quítales los nervios y dámelos a mí. No importa”-

Y vaya que me hizo caso. Yo era todo un costal de nervios, como dice mi mamá. Caminaba de un lado al otro en los pocos m2 que me albergaban. Caminé los 120 minutos que jugaron y sin razón alguna.

Me paseaba de vez en cuando por mi cuarto a chequear cómo iban, pero no dejaba de rezar.

En el primer piso de mi casa había una mancha de tíos chupando (¡qué raro!) y gritando. De repente escuché a lo lejos la voz de uno de ellos:

- ¡Vamos carajo que ahí viene el gol!

Ese grito sí que vino desde adentro, pensé.
Dicho y hecho. Escuché a mi hermano gritar como nunca (ni el gol de Fano con pase de Vargas narrado por Peredo en el Perú – Argentina generó tal grito):

- ¡Goooooooooool concha su maaadre! ¡Goool carajo!-

Yo, entré tranquila y de reojo miré el televisor como quien no quiere la cosa, y me gané con los colombianos paradazos con la boca abierta y con Paolo levantando los brazos como él sabe para celebrar.

Él mismo no podía creer el patadón de Lobatón, el Perú entero no lo podía creer.

Yo en cambio, sentí que estaba en la cancha. La emoción no era de incredulidad sino más bien de satisfacción. Un “por fin” salía de mi boca mientras algunas lágrimas no se hicieron esperar (no es raro, soy bien llorona).

Sabía que no era suficiente, decidí terminar mis Padres Nuestros optando por confiar en 11 muchachos que no conozco y espero algún día conocer. Antes de que diga Amén mi hermano vociferó (así es, VOCIFERÓ):

- ¡Yaaaaaaaa! ¡Vamoooos!

Salí despavorida con dirección otra vez a mi cuarto terminando la oración en mi cerebro, y llegué justo para ver la soberbia del ‘loco’ al disparar tremendo misil al arco de Martínez.

Me tiré al piso, mi hermano me miró casi con lágrimas en los ojos como diciendo: ¿Viste eso? Y exclamó:

- ¡Bien carajo!

No celebramos hasta que pitó el árbitro. Ya habíamos aprendido a vivir el minuto 92 como si fuera el 1. Cuando escuchamos el bendito y esperado silbato recién pude almorzar. Los nervios ya habían pasado.

Por su parte, los usuarios de las redes sociales y sus populares expresiones (torpes o no) no se hicieron esperar, incluyéndome: “Te quiero Perú!!!!! Lágrimas! Dios tb es peruano! Lo que hacen la magia y la actitud cuando se juntan!”, posteé.
Estaba feliz, bastante feliz hasta que leí un triste: “Por fin hicieron algo, ojalá no la caguen después”.

Bueno, la cagaron. O por lo menos eso pensaron algunos cuando caímos ante los justos campeones y charrúas asesinos (Fair play? Are you kidding me): “3 días nos duró la ilusión”, publicó una amiga en su muro de Facebook.

Me dieron ganas de comentar: “A ti te habrán durado la gracia y la ilusión 3 días. Lo que es yo, vivo ilusionada desde que tengo uso de razón y una derrota no me va a quitar dicha ilusión”. Pero no lo hice, iba a sonar antipática en vez de directa, además mi amiga me cae bien. Pero hablando en serio, lo expresado por varios no fue realismo, fue mala vibra.

Es muy fácil subirse al coche de la celebración cuando todo es felicidad. Si adoramos cuando ganamos y escupimos cuando perdemos, ¿con qué cara pedimos ayuda cuando nos tropezamos?

No soy una santa tampoco, pero si por algo me caracterizo es por nunca tirar la toalla. He aprendido con el tiempo que si no pensamos positivo nos vamos a la mierda. En el deporte o en donde sea.

Soy mujer, motivo por el cual varios creerán que no me corresponde opinar sobre fútbol. Pero con un hermano fanático y muchos primos jugando play me vi obligada desde niña a aprender de este deporte y poco a poco me fui enamorando de él.

Nunca vi a Perú en un podio gracias al fútbol. Siempre lo quise ver, pero cierta maldición que cayó sobre la Videna, nuestras canchas, los jugadores, entrenadores y sobretodo dirigentes me lo había impedido. Faltaba alguien con dedicación que crea que las malas rachas y las maldiciones no existen, alguien dispuesto a jugárselas.

No quiero hacerles una estatua tampoco por lo logrado, pero sí reconozco el trabajo y los huevos de un equipo, guiados por la maestría y la oración de un dizque ‘mago’.

No sé qué hará el resto de ustedes de ahora en adelante. Yo por mi parte seguiré haciendo lo único que sé hacer y me corresponde: alentar. Ahí me verán en el estadio para las ‘clasificatorias’ vistiendo un polo con la siguiente inscripción: “Loco, vales 1000 Perús”.
Si bien Markarián dice que somos 30’000,000 de peruanos alentando detrás, yo les quiero decir chicos, que si los otros 29’999,999 desertan, por lo menos una loca tendrán atrás gritando. Ojalá no me ganen los nervios y salga Desterrada del puto remozado Estadio Nacional.

En fin, para celebrar estuvo bueno, sobretodo el segundo gol de Paolo ante Venezuela (qué maldito para definir así).

Después de todo como dice Peredo: “los partidos hay que jugarlos, nada está dicho”.


 


No tenemos la copa, pero tenemos algo mejor: autoestima. Y eso señores, es lo más difícil de conseguir y mantener. A remar.

Les dejo un reel del goleador de la Copa América, junto a una de las mejores canciones que se han escrito para la selección, lástima que venga con marca:





lunes, 13 de junio de 2011

Deseleccionada

Quiero dedicarles unas palabras sobre lo sucedido el 5 de junio en el Perú, teniendo en cuenta que varios buscaron palabras de consuelo en mí y solo recibieron un “no sé”.


El país ha decidido. Algunos de ellos quieren que les caigan las cosas del cielo, otros tal vez lucharon mucho tiempo pero no recibieron nunca nada a cambio de su esfuerzo porque el Perú no se los permitió.


Cuando uno quiere algo con muchas ansias y recibe exactamente lo contrario, y reacciona con una pataleta y con insultos, es engreído y caprichoso. Cuando uno quiere algo con muchas ansias y recibe exactamente lo contrario, y reacciona resignado pero aceptando lo que le tocó según quiso Dios, es maduro.


Democracia no es solamente respetar los poderes del Estado, la libertad de opinión y expresión. Democracia también es aceptar la libertad del pueblo de elegir lo que quiere. Ser picones nunca nos llevará a ningún lado.


Ignorancia significa no conocer, no saber. No solo es ignorante el que no conoce sus opciones, o el que no diferencia entre el mal o el bien, ignorante también es aquel no conoce a su pueblo y a su gente, que se venda los ojos aceptando únicamente su realidad, cuando en verdad hay más de 19’000,000 de realidades en el país.


Por varios años nuestra parte de la población fue escuchada (salvo por la corrupción y demás escenarios deplorables), al parecer Dios decidió que le tocaba esta vez a la otra parte. Por lo menos sabemos que nadie metió la mano en las elecciones y cambió los resultados, eso también es democracia, y a pesar de esos resultados creo yo que deberíamos estar orgullosos.

Creo que también podemos decir que por fin tenemos un país decente, un poco tonto a veces, pero decente, como aquél 75% de gente que devuelve una billetera si se la encuentra en la calle.

Ese domingo hablaban de salir del país, de salir del Perú en búsqueda de uno mejor, cuando en el fondo ustedes saben que a pesar de todo no hay ninguna tierra mejor que esta. Si algún día me ofrecen un trabajo afuera de repente considere salir de aquí, pero no huiría.


Ahora, ya no podemos llorar sobre leche derramada, para mí no se acabó el mundo y les voy a decir por qué:

- Porque salí de la pobreza gracias a un modelo económico que me permitió crecer de a pocos, pero sobre todo porque me he sacado la puta madre para lograrlo.


- Porque perdí gente fabulosa porque Dios así lo quiso, y aprendí a enfrentarlo, a aceptarlo y a vivir sin ellos.


- Porque terminé de estudiar una carrera a punta de esfuerzo y garra.


- Porque logré crecer económicamente en un trabajo respetable, siendo la mejor y ganándome el respeto de mis compañeros y de mis jefes por mi sinceridad, mi empuje y mi sonrisa.


- Porque puedo decir que todo lo que tengo lo logré luchando, porque eso me enseñaron de chica, que hay que luchar por lo que uno quiere sin importar la situación.


- Porque pasé por 54 ataques de asma, dos por año y nunca me morí.


- Porque caminé sobre carbón encendido y no me quemé.


- Porque bajé 18 kilos en un año.


- Porque dejé de fumar.


¡Háganme el favor! ¡Por supuesto que podría con un dictador si se me presentara! Solo que me gustaría no hacerlo sola.

No seamos fatalistas, Dios todo lo tiene planeado y de repente Humala respeta sus promesas, yo no confío en nadie nunca, creo que ya es hora. Digo, ¿tenemos opción?


Si ustedes se quieren ir, adelante, yo me quedo en mi Perú a hacer patria. En este caso, y solo en este caso, no soy ni quiero ser una Desterrada.


Les dejo un poema y una canción de mi tocaya...Yo también te amo Perú!